Tras las elecciones autonómicas, se abren distintas posibilidades para el gobierno de Navarra. Varias combinaciones pueden surgir del pacto entre las fuerzas políticas para configurar una mayoría que lidere la Comunidad Autónoma durante los próximos cuatro años.
Lo sorprendente de la situación es que el PP ha ofrecido al PSOE compartir ese gobierno. Y resulta sorprendente porque hasta el día antes de las elecciones, el PP se hartó de insultar al PSOE diciendo que traicionaba a Navarra, que la vendía a los terroristas, que la pensaba utilizar como moneda de cambio en sus cambalaches con ETA...
Casi todos pensábamos que estas acusaciones, además de infundadas eran un soberbio disparate, pero la dirección del PP parecía convencida de lo que decía. ¿Cómo puede ahora proponer un gobierno compartido con los traidores? ¿Es que se le ha pasado la furia ultra? ¿Es que ha cambiado el PSOE de un día para otro de felón que negocia con los asesinos a deseable compañero de tareas gubernativas? O, ¿no será, más bien, que el PP utiliza de forma irresponsable cualquier argumento, cualquier calumnia, cualquier asidero para ganar sin escrúpulos un puñado de votos?
30 mayo 2007
25 mayo 2007
A tal ciudad, tal liderazgo

Este artículo, no pudo ser publicado en el diario El Comercio. El refuerzo que internet aporta a la difusión del pensamiento permite que lo leas aquí:
Creo que las ciudades tienen alma. Viene a ser como la voz conjunta, tejida en una compleja armonía, de todos los que las habitan. En unas ocasiones, esa voz es un quejido; en otras, una melodía, más o menos festiva; las más de las veces, un simple susurro de trabajo cotidiano, de vida familiar: monotonía, en fin.
La voz de Gijón habla de convivencia; es una voz plural, diversa y crítica. La ciudad tiene un alma curtida que conoció sinsabores y crisis, y sufrió el maltrato del urbanismo desbocado de la derecha en los años 60 y 70. Pero también tiene el acento de quien se recuperó de todo ello, el timbre de quien mira al futuro sin temores, con una esperanza realista.
Plural, suma de voces cargadas de matices y no voz única. Enemiga del ordeno y mando, le gusta opinar, hablar libremente, sin imposiciones y sin censuras, y expresa esas opiniones individuales o colectivas a través de los centenares de asociaciones que funcionan en Gijón.
Es también, como decía, crítica. La de Gijón es una ciudadanía que hace pasar a través de un riguroso tamiz cada proyecto, cada nueva idea, cada transformación, casi siempre matizando las posturas con el uso de la ironía o la sorna “playa”.
Y es, por completar el cuadro, un alma esperanzada, que confía en su futuro. A nuestra gente le gusta aportar ideas, participar en los proyectos, debatir y ser escuchada. A lo largo del tiempo, la ciudad ha desarrollado un carácter de vanguardia, amigo de la innovación, socialmente implicado y responsable.
Todas estas características han impregnado también el liderazgo de quienes, desde la alcaldía, la han gobernado durante la democracia. Han sido liderazgos cercanos, próximos y dialogantes. Han sido liderazgos permeables, flexibles, que se dejaban empapar por la voz de la calle, desde un contacto continuo con la ciudadanía. Esta ha sido, sin duda, la característica más sobresaliente del liderazgo de la actual alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso.
Y no podía ser de otra manera. Es cierto que la elección democrática confiere en sí misma autoridad a quien recibe la confianza de las urnas. Pero el modo de ejercerla tiene una gran influencia en la eficacia de dicha autoridad. Puede ser un elemento impulsor de la gestión –cuando el alma de la ciudad, de la que hablaba al principio, se compenetra con la forma de ser y de dirigir de sus líderes– o puede ser causa de parálisis y desconcierto cuando se produce un choque.
La candidata propuesta por el PP para la alcaldía de Gijón no es una elección afortunada. Su trayectoria al frente del Partido Popular gijonés y de su grupo municipal habla de un carácter duro e inflexible, de la ausencia de cintura, de su incapacidad para encajar una crítica, de la falta de talante negociador y de intolerancia para con los disidentes. En términos aún más duros la han calificado diversos y significativos miembros del PP gijonés, de larga tradición militante y que ocupan cargos públicos. Y, como resultado, la parálisis. Cito una afirmación obvia, con la que es muy fácil estar de acuerdo: "Los votantes no son tontos y, si ven que ni nosotros mismos sabemos arreglar nuestra casa, cómo vamos a arreglar una ciudad y una región". Lo dijo Emilio Noval, concejal del PP, el pasado mes de abril.
Hace unos días, entre varias relecturas que tenía pendientes, volví a disfrutar del texto de “La Casa de Bernarda Alba”, de García Lorca. Una obra teatral que narra las consecuencias dramáticas de la personalidad autoritaria y opresiva de una mujer, Bernarda Alba, que, a base de imponerse con fiereza a los suyos – “una hija que desobedece deja de ser hija para convertirse en una enemiga”– acaba destruyendo su propia familia.
Las similitudes son dignas de algún comentario. Pilar Pardo presenta una historial de enfrentamiento con sus compañeros, saldada con la huida de medio grupo municipal popular y, como caso más sangrante, con la dimisión de Lucía Ezquerra, que primero fue su mano derecha –¿la hija que desobedece y se convierte en enemiga?–.
Si ese ha sido su comportamiento con personas de su partido, con las que tenía una afinidad ideológica y de planteamientos, ¿qué ocurriría si, ostentando la alcaldía, se critica uno de sus proyectos? ¿o cuando una asociación le plantee exigencias que ella no comparta? ¿o cuando se vea obligada a negociar con los trabajadores municipales un convenio colectivo? ¿o cuando los agentes sociales le presenten sus exigencias respecto al desarrollo de la ciudad? ¿o cuando un grupo de vecinos se manifieste en contra de sus políticas? Los precedentes indican en ella una forma de entender el poder con autoritarismo. Lo que Lorca resumió en la imagen del bastón de Bernarda Alba, que siempre la acompaña. Hasta que una de sus hijas se lo arrebata y lo parte en dos en un gesto cargado de simbolismo: “Esto hago yo con la vara de la dominadora”, le dice.
No puede haber un liderazgo más incompatible con la idiosincrasia gijonesa que el de Pilar Pardo. Da igual que los programas informáticos de retoque fotográfico hayan funcionado a destajo para suavizar en los carteles electorales su rostro ceñudo. Ella es nuestra Bernarda Alba. Dios nos guarde de su bastón de mando.
La voz de Gijón habla de convivencia; es una voz plural, diversa y crítica. La ciudad tiene un alma curtida que conoció sinsabores y crisis, y sufrió el maltrato del urbanismo desbocado de la derecha en los años 60 y 70. Pero también tiene el acento de quien se recuperó de todo ello, el timbre de quien mira al futuro sin temores, con una esperanza realista.
Plural, suma de voces cargadas de matices y no voz única. Enemiga del ordeno y mando, le gusta opinar, hablar libremente, sin imposiciones y sin censuras, y expresa esas opiniones individuales o colectivas a través de los centenares de asociaciones que funcionan en Gijón.
Es también, como decía, crítica. La de Gijón es una ciudadanía que hace pasar a través de un riguroso tamiz cada proyecto, cada nueva idea, cada transformación, casi siempre matizando las posturas con el uso de la ironía o la sorna “playa”.
Y es, por completar el cuadro, un alma esperanzada, que confía en su futuro. A nuestra gente le gusta aportar ideas, participar en los proyectos, debatir y ser escuchada. A lo largo del tiempo, la ciudad ha desarrollado un carácter de vanguardia, amigo de la innovación, socialmente implicado y responsable.
Todas estas características han impregnado también el liderazgo de quienes, desde la alcaldía, la han gobernado durante la democracia. Han sido liderazgos cercanos, próximos y dialogantes. Han sido liderazgos permeables, flexibles, que se dejaban empapar por la voz de la calle, desde un contacto continuo con la ciudadanía. Esta ha sido, sin duda, la característica más sobresaliente del liderazgo de la actual alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso.
Y no podía ser de otra manera. Es cierto que la elección democrática confiere en sí misma autoridad a quien recibe la confianza de las urnas. Pero el modo de ejercerla tiene una gran influencia en la eficacia de dicha autoridad. Puede ser un elemento impulsor de la gestión –cuando el alma de la ciudad, de la que hablaba al principio, se compenetra con la forma de ser y de dirigir de sus líderes– o puede ser causa de parálisis y desconcierto cuando se produce un choque.
La candidata propuesta por el PP para la alcaldía de Gijón no es una elección afortunada. Su trayectoria al frente del Partido Popular gijonés y de su grupo municipal habla de un carácter duro e inflexible, de la ausencia de cintura, de su incapacidad para encajar una crítica, de la falta de talante negociador y de intolerancia para con los disidentes. En términos aún más duros la han calificado diversos y significativos miembros del PP gijonés, de larga tradición militante y que ocupan cargos públicos. Y, como resultado, la parálisis. Cito una afirmación obvia, con la que es muy fácil estar de acuerdo: "Los votantes no son tontos y, si ven que ni nosotros mismos sabemos arreglar nuestra casa, cómo vamos a arreglar una ciudad y una región". Lo dijo Emilio Noval, concejal del PP, el pasado mes de abril.
Hace unos días, entre varias relecturas que tenía pendientes, volví a disfrutar del texto de “La Casa de Bernarda Alba”, de García Lorca. Una obra teatral que narra las consecuencias dramáticas de la personalidad autoritaria y opresiva de una mujer, Bernarda Alba, que, a base de imponerse con fiereza a los suyos – “una hija que desobedece deja de ser hija para convertirse en una enemiga”– acaba destruyendo su propia familia.
Las similitudes son dignas de algún comentario. Pilar Pardo presenta una historial de enfrentamiento con sus compañeros, saldada con la huida de medio grupo municipal popular y, como caso más sangrante, con la dimisión de Lucía Ezquerra, que primero fue su mano derecha –¿la hija que desobedece y se convierte en enemiga?–.
Si ese ha sido su comportamiento con personas de su partido, con las que tenía una afinidad ideológica y de planteamientos, ¿qué ocurriría si, ostentando la alcaldía, se critica uno de sus proyectos? ¿o cuando una asociación le plantee exigencias que ella no comparta? ¿o cuando se vea obligada a negociar con los trabajadores municipales un convenio colectivo? ¿o cuando los agentes sociales le presenten sus exigencias respecto al desarrollo de la ciudad? ¿o cuando un grupo de vecinos se manifieste en contra de sus políticas? Los precedentes indican en ella una forma de entender el poder con autoritarismo. Lo que Lorca resumió en la imagen del bastón de Bernarda Alba, que siempre la acompaña. Hasta que una de sus hijas se lo arrebata y lo parte en dos en un gesto cargado de simbolismo: “Esto hago yo con la vara de la dominadora”, le dice.
No puede haber un liderazgo más incompatible con la idiosincrasia gijonesa que el de Pilar Pardo. Da igual que los programas informáticos de retoque fotográfico hayan funcionado a destajo para suavizar en los carteles electorales su rostro ceñudo. Ella es nuestra Bernarda Alba. Dios nos guarde de su bastón de mando.
22 mayo 2007
Fundamentalistas contra ZARA
La empresa textil Zara ha pedido disculpas a los judíos ultraortodoxos de Israel por vender un traje confeccionado con una mezcla de lino y algodón. Al parecer, esa mezcla está prohibida por su religión. Juntar lino y algodón constituye un grave pecado.
Tenemos aquí otro ejemplo del sinsentido de los fundamentalismos. Y del peligro más grave de nuestro siglo: la ocupación por parte de fanáticos de cada vez más espacios de la vida pública. Si no les gusta el traje, que no lo compren. Pidan, en todo caso, que los componentes aparezcan claramente especificados en la etiqueta. Pero no. Los fundamentalistas tienden a pedir que se prohiba todo aquello que no les gusta.
Muchas empresas, atemorizadas por sus campañas, se echan atrás, se autocensuran, retiran productos (o publicaciones, como sucedió con una importantísima Caja de Ahorros española ante el acoso de los ultracatólicos). Es, sin duda, un retroceso en las libertades. Un grave peligro, como decía arriba; una amenaza contra el librepensamiento, contra el progreso. ¿Cuánto más vamos a tardar en reaccionar?
Tenemos aquí otro ejemplo del sinsentido de los fundamentalismos. Y del peligro más grave de nuestro siglo: la ocupación por parte de fanáticos de cada vez más espacios de la vida pública. Si no les gusta el traje, que no lo compren. Pidan, en todo caso, que los componentes aparezcan claramente especificados en la etiqueta. Pero no. Los fundamentalistas tienden a pedir que se prohiba todo aquello que no les gusta.
Muchas empresas, atemorizadas por sus campañas, se echan atrás, se autocensuran, retiran productos (o publicaciones, como sucedió con una importantísima Caja de Ahorros española ante el acoso de los ultracatólicos). Es, sin duda, un retroceso en las libertades. Un grave peligro, como decía arriba; una amenaza contra el librepensamiento, contra el progreso. ¿Cuánto más vamos a tardar en reaccionar?
16 mayo 2007
Wolfowitz, tramposo neoconservador
Wolfowitz, que fuera mano derecha de Bush en su estrategia de guerra y líder neocon, actual presidente del Banco Mundial, ha sido pillado in fraganti cometiendo graves irregularidades respecto a la gestión del personal de esa institución. Los campeones de la moral, que pretenden depositar pesadísimas cargas sobre los hombros de los demás, son más bien laxos cuando se trata de exigirse a sí mismos. El caso es que el presidente del Banco Mundial dictaminó que su novia, trabajadora del Banco, percibiría un incremento de sueldo de 50.000 dólares (unos 37.000 euros) que iría seguido de revisiones anuales. Tras el primer aumento anual, su salario quedó situado en los 193.590 dólares (143.000 euros) libres de impuestos, más de lo que cobra la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice. Las revisiones anuales del salario también superan lo estipulado por las normas, según el informe, y el ascenso decretado antes de su partida también habría sido irregular, según la regla 5.02 de la institución.Ayer, Wolfowitz "imploró" ante el Comité Ejecutivo del Banco que no le quiten su puesto. No tuvo él tanta misericordia con los cientos de miles de iraquíes muertos en la guerra, por ejemplo.
Por si tienes curiosidad por saber de dónde viene este individuo, reproduzco aquí un post antiguo que, a su vez, fue artículo de prensa que publiqué en el diario El Comercio en 2005, cuando fue nombrado para el cargo que ahora haría bien en abandonar:
¿Quién es Wolfowitz?
Además de ser el hombre de moda en la economía global, tras su propuesta por parte de George Bush para ocupar la presidencia del Banco Mundial, Wolfowitz es uno de los integrantes del núcleo duro “neocon”, es decir, de los ultraconservadores que han construido el discurso y diseñado la praxis de la administración estadounidense durante estos años y, sin duda, uno de los “halcones”, partidario del uso preventivo de la violencia militar unilateral.
Hasta el momento, era el número dos del departamento de defensa, a la sombra de Donald Rumsfeld, y a cargo de las operaciones del Pentágono. Salpicado por el escándalo de las torturas en Abu Graif, no vio, sin embargo, perjudicada su carrera política. Al contrario, su influencia aumenta hasta su punto álgido con la designación para el Banco Mundial, contestada en numerosos frentes.
¿Qué hace a Wolfowitz idóneo para el puesto? Que sepamos, nada. “Wolfie” –como le llaman sus allegados- no tiene la más mínima experiencia en banca, en desarrollo económico, en cooperación internacional y es un declarado enemigo del multilateralismo. Bush ha dicho, sin embargo, que posee experiencia en gestionar una gran organización, el Pentágono. Teniendo en cuenta, como apuntaba Jude Wanniski, antiguo editor asociado del Wall Street Journal, que se le pidió que planificara una guerra de 30 mil millones de dólares y lleva gastados más de 200 mil, se puede afirmar que, efectivamente, tiene una experiencia muy exitosa… al menos desde el punto de vista del complejo industrial-militar estadounidense.
Wolfowitz provieve del mundo académico. De hecho forma parte del grupo de ideólogos de ultraderecha más influyente y exclusivo del país. Se trata de los “straussianos”, así denominados por ser seguidores de Leo Strauss, un profesor de Ciencia Política de la Universidad de Chicago.
El 27 de febrero de 1933, tras el incendio del Reichstag por parte de los nazis, Hitler se prepara para la toma absoluta del poder. Para instaurar una dictadura, tenía que tergiversar y subvertir la herencia jurídica de la República de Weimar. Un profesor de filosofía del derecho llamado Carl Schmitt aportó toda la teoría que el Reich necesitó para acometer esta tarea. Curiosamente, Schmitt es también el inventor del término “guerra preventiva”, justificándola en la necesidad de proteger la seguridad nacional de los posibles enemigos.
Un aplicado discípulo de Schmitt, llamado Leo Strauss, miembro también del partido nazi en sus primeros momentos, abandonó alemania para enseñar en los Estados Unidos y difundir la doctrina de su maestro. Increíblemente, se convirtió en una importante figura dentro de la Ciencia Política, que creó escuela. Algunas aportaciones de Strauss son la estructuración de la acción pública en términos de amigos y enemigos, como única categoría de análisis; el concepto de “guerra perpetua”, pues un Estado sólo encuentra su identidad y vitalidad en la identificación de un enemigo y movilizándose contra él; la tergiversación de un término acuñado por Platón, el de las “nobles mentiras” para referirse a la necesidad de las élites gobernantes de engañar permanentemente a los “ciudadanos ordinarios”, ya que necesitan tomar decisiones que el pueblo no entendería ni tendría el valor de aceptar. ¿No nos suena todo esto de la reciente política internacional y española?
En el momento de su muerte, en 1973, Strauss ya tenía un nutrido grupo de seguidores entre los que no sólo estaba Paul Dundes Wolfowitz, sino también John Ashcroft, el Fiscal General que quiso acabar con Clinton por su affaire con la becaria pero hizo la vista gorda con las torturas en la guerra de Irak; Samuel P. Huntington, inventor del término “choque de civilizaciones” o Francis Fukuyama, profeta del fin de la Historia al triunfar el modelo americano en todo el mundo. Parece que en España, aun sin declararlo explícitamente, la Fundación FAES del PP se encuadra plenamente en esta línea de pensamiento.
¿Qué nos espera con Wolfowitz al frente del Banco Mundial? Nada bueno, eso seguro. Al menos no para nosotros. Empresas vinculadas al círculo presidencial de Bush como Bechtel Corporation o Halliburton ya están haciendo previsiones de los jugosos contratos que podrán obtener reconstruyendo países o ayudando al desarrollo. A su estilo de desarrollo.
Las instituciones de Bretton Woods –Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional especialmente– necesitan una profunda reforma, democratización y limpieza. La implantación de políticas de transparencia es fundamental y la participación de los países en vías de desarrollo a la hora de fijar los objetivos y métodos para la ayuda que reciben, inexcusable. Sin esto, sería mejor que esas instituciones fuesen suprimidas. La broma de nombrar a Wolfowitz presidente del Banco Mundial es la gota que colma el vaso.
Además de ser el hombre de moda en la economía global, tras su propuesta por parte de George Bush para ocupar la presidencia del Banco Mundial, Wolfowitz es uno de los integrantes del núcleo duro “neocon”, es decir, de los ultraconservadores que han construido el discurso y diseñado la praxis de la administración estadounidense durante estos años y, sin duda, uno de los “halcones”, partidario del uso preventivo de la violencia militar unilateral.
Hasta el momento, era el número dos del departamento de defensa, a la sombra de Donald Rumsfeld, y a cargo de las operaciones del Pentágono. Salpicado por el escándalo de las torturas en Abu Graif, no vio, sin embargo, perjudicada su carrera política. Al contrario, su influencia aumenta hasta su punto álgido con la designación para el Banco Mundial, contestada en numerosos frentes.
¿Qué hace a Wolfowitz idóneo para el puesto? Que sepamos, nada. “Wolfie” –como le llaman sus allegados- no tiene la más mínima experiencia en banca, en desarrollo económico, en cooperación internacional y es un declarado enemigo del multilateralismo. Bush ha dicho, sin embargo, que posee experiencia en gestionar una gran organización, el Pentágono. Teniendo en cuenta, como apuntaba Jude Wanniski, antiguo editor asociado del Wall Street Journal, que se le pidió que planificara una guerra de 30 mil millones de dólares y lleva gastados más de 200 mil, se puede afirmar que, efectivamente, tiene una experiencia muy exitosa… al menos desde el punto de vista del complejo industrial-militar estadounidense.
Wolfowitz provieve del mundo académico. De hecho forma parte del grupo de ideólogos de ultraderecha más influyente y exclusivo del país. Se trata de los “straussianos”, así denominados por ser seguidores de Leo Strauss, un profesor de Ciencia Política de la Universidad de Chicago.
El 27 de febrero de 1933, tras el incendio del Reichstag por parte de los nazis, Hitler se prepara para la toma absoluta del poder. Para instaurar una dictadura, tenía que tergiversar y subvertir la herencia jurídica de la República de Weimar. Un profesor de filosofía del derecho llamado Carl Schmitt aportó toda la teoría que el Reich necesitó para acometer esta tarea. Curiosamente, Schmitt es también el inventor del término “guerra preventiva”, justificándola en la necesidad de proteger la seguridad nacional de los posibles enemigos.
Un aplicado discípulo de Schmitt, llamado Leo Strauss, miembro también del partido nazi en sus primeros momentos, abandonó alemania para enseñar en los Estados Unidos y difundir la doctrina de su maestro. Increíblemente, se convirtió en una importante figura dentro de la Ciencia Política, que creó escuela. Algunas aportaciones de Strauss son la estructuración de la acción pública en términos de amigos y enemigos, como única categoría de análisis; el concepto de “guerra perpetua”, pues un Estado sólo encuentra su identidad y vitalidad en la identificación de un enemigo y movilizándose contra él; la tergiversación de un término acuñado por Platón, el de las “nobles mentiras” para referirse a la necesidad de las élites gobernantes de engañar permanentemente a los “ciudadanos ordinarios”, ya que necesitan tomar decisiones que el pueblo no entendería ni tendría el valor de aceptar. ¿No nos suena todo esto de la reciente política internacional y española?
En el momento de su muerte, en 1973, Strauss ya tenía un nutrido grupo de seguidores entre los que no sólo estaba Paul Dundes Wolfowitz, sino también John Ashcroft, el Fiscal General que quiso acabar con Clinton por su affaire con la becaria pero hizo la vista gorda con las torturas en la guerra de Irak; Samuel P. Huntington, inventor del término “choque de civilizaciones” o Francis Fukuyama, profeta del fin de la Historia al triunfar el modelo americano en todo el mundo. Parece que en España, aun sin declararlo explícitamente, la Fundación FAES del PP se encuadra plenamente en esta línea de pensamiento.
¿Qué nos espera con Wolfowitz al frente del Banco Mundial? Nada bueno, eso seguro. Al menos no para nosotros. Empresas vinculadas al círculo presidencial de Bush como Bechtel Corporation o Halliburton ya están haciendo previsiones de los jugosos contratos que podrán obtener reconstruyendo países o ayudando al desarrollo. A su estilo de desarrollo.
Las instituciones de Bretton Woods –Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional especialmente– necesitan una profunda reforma, democratización y limpieza. La implantación de políticas de transparencia es fundamental y la participación de los países en vías de desarrollo a la hora de fijar los objetivos y métodos para la ayuda que reciben, inexcusable. Sin esto, sería mejor que esas instituciones fuesen suprimidas. La broma de nombrar a Wolfowitz presidente del Banco Mundial es la gota que colma el vaso.
11 mayo 2007
Primer día, primer chantaje
Comienza la campaña electoral y la derecha española, unida a los poderes fácticos y económicos que suelen acompañarla, formula su primer chantaje a la ciudadanía: o gana el PP en Valencia, o no hay Fórmula 1. Castigados, por no saber votar correctamente.
Es difícil hilvanar un argumento sosegado y racional con el que responder a estas argucias. Lo primero, que se trata de un farol. Si no gana el PP, también habrá Fórmula 1 en Valencia. Se volverá a negociar, los nuevos gestores llegarán a un acuerdo y otro Gran Premio vendrá a nuestro país, para unirse al de Montmelló.
En segundo lugar, que si Camps ha utilizado dinero público para gestionar unas negociaciones con Ecclestone que sólo fructificarían en caso de que él gane las elecciones, no es difícil imaginar a qué figura del código penal responde tal comportamiento.
En tercer lugar, cabe resaltar que en todo lo sucio, lo indecente y lo casposo que sucede en nuestro país está la mano de Aznar detrás. En este caso, a través de su yerno Agag, que participó, según cuentan los diarios, activamente en la negociación. ¿Cobró su correspondiente comisión? ¿De dinero público? ¿Para conseguirle a Camps un fogonazo electoralista?
En fin, todo son preguntas. Como habitualmente, no tengo respuestas.
Por último, estoy seguro de que los valencianos no caerán en una trampa tan burda, no se dejarán intimidar por el matonismo de la derecha político-económica, por los especuladores del suelo, por los sinvergüenzas que ligan una inversión como la del circuito valenciano con el voto a la peor derecha que hemos tenido en democracia. La de Rajoy, Acebes y Zaplana.
Es difícil hilvanar un argumento sosegado y racional con el que responder a estas argucias. Lo primero, que se trata de un farol. Si no gana el PP, también habrá Fórmula 1 en Valencia. Se volverá a negociar, los nuevos gestores llegarán a un acuerdo y otro Gran Premio vendrá a nuestro país, para unirse al de Montmelló.
En segundo lugar, que si Camps ha utilizado dinero público para gestionar unas negociaciones con Ecclestone que sólo fructificarían en caso de que él gane las elecciones, no es difícil imaginar a qué figura del código penal responde tal comportamiento.
En tercer lugar, cabe resaltar que en todo lo sucio, lo indecente y lo casposo que sucede en nuestro país está la mano de Aznar detrás. En este caso, a través de su yerno Agag, que participó, según cuentan los diarios, activamente en la negociación. ¿Cobró su correspondiente comisión? ¿De dinero público? ¿Para conseguirle a Camps un fogonazo electoralista?
En fin, todo son preguntas. Como habitualmente, no tengo respuestas.
Por último, estoy seguro de que los valencianos no caerán en una trampa tan burda, no se dejarán intimidar por el matonismo de la derecha político-económica, por los especuladores del suelo, por los sinvergüenzas que ligan una inversión como la del circuito valenciano con el voto a la peor derecha que hemos tenido en democracia. La de Rajoy, Acebes y Zaplana.
04 mayo 2007
Aznar, un muñeco patético
El que fuera presidente del gobierno español, que se pasea por los dominios de su amigo Bush insultando a España y los españoles desde que el 14-M no votaron a su partido, ha llegado, en una de sus últimas intervenciones públicas al colmo de la desfachatez, de la estupidez, la irresponsabilidad y del patetismo.En una reunión con productores de vino se manifestó en contra de la prohibición de conducir borracho o de las limitaciones de velocidad. La portavoz de la asociación "Stop Accidentes" lo ha calificado de "apología del terror". Lo que es, sin duda, es un insulto a las familias de los miles de muertos en la carretera, de todas las víctimas, de las personas que han perdido la movilidad o funciones físicas y mentales importantes en accidentes de tráfico. Y, todo ello en aras de la "libertad". Ahora, viendo qué concepto tiene de la libertad este lider mundial se explica uno muchas cosas.
Lo hizo, además, en su habitual tonillo pseudo-humorístico, con ese aire de superioridad que sólo exhiben los acomplejados por su inferioridad (en este caso, manifiesta inferioridad intelectual).
¿Cómo pudo llegar este personajillo a presidente de gobierno del Reino de España?
13 marzo 2007
La conjura contra España
[Artículo previamente publicado en el diario El Comercio www.elcomerciodigital.com ]
En esta mañana soleada de domingo —falsamente primaveral, porque el viento fresco aún arranca los últimos escalofríos del invierno al paseante— resulta difícil imaginar a qué apocalípticas amenazas contra España se refiere Rajoy en sus arengas. Uno, más bien, se siente tentado a suponer que las cosas marchan razonablemente bien. Es lo que se percibe viendo a las familias en los parques de Gijón, paseando por el Muro, regateando en un puesto del Rastro o desfilando, despreocupados y aparentemente felices, por la calle Corrida. Imagino que lo mismo ocurre en cualquier otra ciudad de Asturias.
Sin embargo, un grupo de ciudadanos, convocados por las trompetas del Juicio Final que resuenan desde la calle Génova de Madrid, se congregan ante lo que parece ser el fin del mundo. Apocalípticos y milenaristas los ha habido siempre: personas que, desorientadas ante el final de una época, ante los cambios sociales y políticos, o bien se lanzaban a la revuelta o bien se apartaban de la impureza del mundo en el que les había tocado vivir. Normalmente, la visión de estos grupos estaba terriblemente distorsionada por sus propios miedos y fantasmas. El apoyo que conseguían (elevado en algunos momentos de especial zozobra) se iba poco a poco difuminando y sus seguidores se dispersaban cansados de esperar un fin del mundo que demoraba su llegada.
Los predicadores del apocalipsis que hoy nos toca padecer están desorientados también e imaginan un mundo plagado de inexistentes peligros, a punto de estallar. Su desorientación se debe a una razón clara y meridiana: han perdido el poder. Los dirigentes del PP creen que gobernar España es una encomienda que han recibido de Dios y que ejercen por derecho propio. Cualquier paréntesis en su ejercicio es una usurpación. Que los socialistas lo ocupen tras ganar unas elecciones democráticas sólo puede deberse a un fraude o a un incomprensible error del destino. Desde hace muchas décadas, la derecha española viene dividiendo a los habitantes de nuestro país en dos grupos bien diferenciados: la España auténtica y la Antiespaña. La primera, por supuesto, son ellos. La segunda abarcaría a personajes como Pablo Iglesias, Azaña, Giner, Álvaro de Albornoz, García Lorca o Juan Ramón Jiménez y, en fin, a cuantos reformistas, amigos del progreso o heterodoxos han existido en este país nuestro (de todos, de todas). Esto, en sí mismo, no sería tan grave (no deja de ser un delirio) si no se hubiese planteado a la vez, en tantos momentos de nuestra historia, el deber moral de acabar físicamente con la Antiespaña.
En algunas proclamas de las escuchadas en las manifestaciones convocadas por el PP últimamente, resuenan indiscutibles ecos del secular rosario de improperios con el que la “España Auténtica” ha cubierto a quienes no identificaba como “de los suyos”. La apropiación de los símbolos comunes como el himno nacional o la bandera va en la misma línea: sólo representan a la “España Auténtica”.
En este caso, la excusa es el tratamiento penitenciario dado a De Juana Chaos. De igual modo que se ha fabricado una mentira, casi un narración mítica, sobre esto (se dice que el Estado cede al chantaje terrorista por hacer algo que el gobierno de Aznar hizo cientos de veces, en condiciones más duras, de forma menos justificada jurídicamente que la actual y a terroristas que sí cumplían pena por cometer asesinatos), el argumento podría haber sido cualquier otro. Se da el desgraciado caso de que ante el terrorismo etarra es muy sencillo apelar a las vísceras y esta siembra sistemática del odio y la deslegitimación del gobierno democrático está dando lugar resultados que —quiero pensar— ni siquiera los organizadores de esos eventos desean, pero que eran sencillos de prever y consecuencia directa de los mismos: ataques con cócteles molotov a sedes del PSOE como la de Alcalá de Henares, agresiones a personas identificadas como enemigos por leer determinado periódico, anacrónicos llamamientos a matar y morir por España, envíos (afortunadamente, sólo dialécticos) de ciertos miembros del gobierno al paredón, etc.
Lo que intenta el PP, además de poner en tensión a su electorado, es tapar por todos los medios la confirmación definitiva de su engaño sobre las armas de destrucción masiva en Iraq, la constatación judicial de su montaje falsario sobre el 11-M en los días posteriores al atentado y la quiebra de la teoría de la conspiración. Lo que quieren contrarrestar es la extensión de derechos a los colectivos homosexuales o transexuales, los avances en la igualdad de las mujeres, el importantísimo salto adelante en la construcción del Estado de Bienestar que supone la Ley de atención a la dependencia, el extraordinario momento de nuestra economía, que empieza a despegarse del ladrillo y continúa creando empleo a todo ritmo al tiempo que aumenta su productividad; el reconocimiento de un estatuto propio para los millones de autónomos que cada día hacen funcionar su negocio, abren su comercio o arrancan su vehículo para ganarse la vida; los adelantos en la protección de las mujeres víctimas de violencia de género; el incremento del salario mínimo y las pensiones, la multiplicación de las becas y, con ellas, de las oportunidades de estudiar para los menos favorecidos o la interminable cascada de detenciones de ediles y alcaldes del Partido Popular por casos de corrupción urbanística. Esto es lo que desean que pase desapercibido. Y es, precisamente, lo que hay que divulgar, lo que hay que explicar. Que España está cambiando para mejor, por más que les pese.
La amenazas sobre el fin del mundo tienen, como decía arriba, un enojoso punto débil: que nunca se cumplen. Por ello, los profetas del apocalipsis tienen que ir cambiándolas paulatinamente. Si sus artes de encantador de serpientes dan resultado, puede que durante algún tiempo lo hagan impunemente, como el carterista hábil sustrae tu billetera sin que te des cuenta. Que si la familia desaparece, que si España se rompe, que si el Estado se rinde a ETA. Chorradas. Mentiras. Falsedades que el simple transcurrir del tiempo va poniendo en su lugar.
Voy concluyendo mi paseo y el cielo continúa azul: el nordeste ha impedido que aparezcan nubes. No he encontrado asomo de crispación en los rostros tranquilos de los gijoneses y gijonesas. Será porque están seguros de que la tan traída y llevada conjura contra España (parafraseando el título de la novela de Philip Roth) es tan falsa ahora como lo fue en otro tiempo la conjura judeo-masónico-comunista que predicaba Franco cada vez que quería tapar con propaganda sus propias vergüenzas.
En esta mañana soleada de domingo —falsamente primaveral, porque el viento fresco aún arranca los últimos escalofríos del invierno al paseante— resulta difícil imaginar a qué apocalípticas amenazas contra España se refiere Rajoy en sus arengas. Uno, más bien, se siente tentado a suponer que las cosas marchan razonablemente bien. Es lo que se percibe viendo a las familias en los parques de Gijón, paseando por el Muro, regateando en un puesto del Rastro o desfilando, despreocupados y aparentemente felices, por la calle Corrida. Imagino que lo mismo ocurre en cualquier otra ciudad de Asturias.
Sin embargo, un grupo de ciudadanos, convocados por las trompetas del Juicio Final que resuenan desde la calle Génova de Madrid, se congregan ante lo que parece ser el fin del mundo. Apocalípticos y milenaristas los ha habido siempre: personas que, desorientadas ante el final de una época, ante los cambios sociales y políticos, o bien se lanzaban a la revuelta o bien se apartaban de la impureza del mundo en el que les había tocado vivir. Normalmente, la visión de estos grupos estaba terriblemente distorsionada por sus propios miedos y fantasmas. El apoyo que conseguían (elevado en algunos momentos de especial zozobra) se iba poco a poco difuminando y sus seguidores se dispersaban cansados de esperar un fin del mundo que demoraba su llegada.
Los predicadores del apocalipsis que hoy nos toca padecer están desorientados también e imaginan un mundo plagado de inexistentes peligros, a punto de estallar. Su desorientación se debe a una razón clara y meridiana: han perdido el poder. Los dirigentes del PP creen que gobernar España es una encomienda que han recibido de Dios y que ejercen por derecho propio. Cualquier paréntesis en su ejercicio es una usurpación. Que los socialistas lo ocupen tras ganar unas elecciones democráticas sólo puede deberse a un fraude o a un incomprensible error del destino. Desde hace muchas décadas, la derecha española viene dividiendo a los habitantes de nuestro país en dos grupos bien diferenciados: la España auténtica y la Antiespaña. La primera, por supuesto, son ellos. La segunda abarcaría a personajes como Pablo Iglesias, Azaña, Giner, Álvaro de Albornoz, García Lorca o Juan Ramón Jiménez y, en fin, a cuantos reformistas, amigos del progreso o heterodoxos han existido en este país nuestro (de todos, de todas). Esto, en sí mismo, no sería tan grave (no deja de ser un delirio) si no se hubiese planteado a la vez, en tantos momentos de nuestra historia, el deber moral de acabar físicamente con la Antiespaña.
En algunas proclamas de las escuchadas en las manifestaciones convocadas por el PP últimamente, resuenan indiscutibles ecos del secular rosario de improperios con el que la “España Auténtica” ha cubierto a quienes no identificaba como “de los suyos”. La apropiación de los símbolos comunes como el himno nacional o la bandera va en la misma línea: sólo representan a la “España Auténtica”.En este caso, la excusa es el tratamiento penitenciario dado a De Juana Chaos. De igual modo que se ha fabricado una mentira, casi un narración mítica, sobre esto (se dice que el Estado cede al chantaje terrorista por hacer algo que el gobierno de Aznar hizo cientos de veces, en condiciones más duras, de forma menos justificada jurídicamente que la actual y a terroristas que sí cumplían pena por cometer asesinatos), el argumento podría haber sido cualquier otro. Se da el desgraciado caso de que ante el terrorismo etarra es muy sencillo apelar a las vísceras y esta siembra sistemática del odio y la deslegitimación del gobierno democrático está dando lugar resultados que —quiero pensar— ni siquiera los organizadores de esos eventos desean, pero que eran sencillos de prever y consecuencia directa de los mismos: ataques con cócteles molotov a sedes del PSOE como la de Alcalá de Henares, agresiones a personas identificadas como enemigos por leer determinado periódico, anacrónicos llamamientos a matar y morir por España, envíos (afortunadamente, sólo dialécticos) de ciertos miembros del gobierno al paredón, etc.
Lo que intenta el PP, además de poner en tensión a su electorado, es tapar por todos los medios la confirmación definitiva de su engaño sobre las armas de destrucción masiva en Iraq, la constatación judicial de su montaje falsario sobre el 11-M en los días posteriores al atentado y la quiebra de la teoría de la conspiración. Lo que quieren contrarrestar es la extensión de derechos a los colectivos homosexuales o transexuales, los avances en la igualdad de las mujeres, el importantísimo salto adelante en la construcción del Estado de Bienestar que supone la Ley de atención a la dependencia, el extraordinario momento de nuestra economía, que empieza a despegarse del ladrillo y continúa creando empleo a todo ritmo al tiempo que aumenta su productividad; el reconocimiento de un estatuto propio para los millones de autónomos que cada día hacen funcionar su negocio, abren su comercio o arrancan su vehículo para ganarse la vida; los adelantos en la protección de las mujeres víctimas de violencia de género; el incremento del salario mínimo y las pensiones, la multiplicación de las becas y, con ellas, de las oportunidades de estudiar para los menos favorecidos o la interminable cascada de detenciones de ediles y alcaldes del Partido Popular por casos de corrupción urbanística. Esto es lo que desean que pase desapercibido. Y es, precisamente, lo que hay que divulgar, lo que hay que explicar. Que España está cambiando para mejor, por más que les pese.
La amenazas sobre el fin del mundo tienen, como decía arriba, un enojoso punto débil: que nunca se cumplen. Por ello, los profetas del apocalipsis tienen que ir cambiándolas paulatinamente. Si sus artes de encantador de serpientes dan resultado, puede que durante algún tiempo lo hagan impunemente, como el carterista hábil sustrae tu billetera sin que te des cuenta. Que si la familia desaparece, que si España se rompe, que si el Estado se rinde a ETA. Chorradas. Mentiras. Falsedades que el simple transcurrir del tiempo va poniendo en su lugar.
Voy concluyendo mi paseo y el cielo continúa azul: el nordeste ha impedido que aparezcan nubes. No he encontrado asomo de crispación en los rostros tranquilos de los gijoneses y gijonesas. Será porque están seguros de que la tan traída y llevada conjura contra España (parafraseando el título de la novela de Philip Roth) es tan falsa ahora como lo fue en otro tiempo la conjura judeo-masónico-comunista que predicaba Franco cada vez que quería tapar con propaganda sus propias vergüenzas.
06 febrero 2007
La fórmula Bush
George W. Bush ha presentado su presupuesto. "Mi fórmula para lograr un presupuesto equilibrado refleja las prioridades de nuestro país en este momento de su historia", ha dicho. Su fórmula es la más vieja del mundo: proteger las fortunas de los ricos bajándoles los impuestos, gastar como un poseso en armamento y guerras varias y destrozar la vida a los más pobres reduciendo todo lo posible cualquier programa de bienestar que pudiese aliviar su situación, como el seguro de desempleo, en el que piensa ahorrarse 4.000 millones de dólares. La educación también sufre recortes (al fin y al cabo, si se puede llegar a presidente de los EEUU siendo un analfabeto, ¿para qué financiar la educación?).
La receta más vieja, que los neocon siguen encontrando atractiva.
La receta más vieja, que los neocon siguen encontrando atractiva.
29 enero 2007
El PP y Franco, más cerca

El Partido Popular ha decidido que Franco continúe ocupando, oficialmente, el cargo de alcalde honorífico de Salamanca. Aunque la noticia se comenta por sí sola, podemos destacar que se trata de una de las mejores fotografías del PP en los últimos tiempos. La que muestra mejor, no sólo su verdadero rostro, sino su alma, su espíritu, su esencia.
Alianza Popular nació como un reducto de los últimos franquistas. Los que votaron "no" en el referéndum de la reforma política que nos condujo a la democracia. Aunque disimularon después durante algunos años, son muchas las ocasiones en que esos orígenes, todavía presentes, larvados, escondidos, pero no extirpados, se manifiestan con rotundidad.
Los salmantinos se preguntarán por qué se les condena a tener como alcalde honorífico a un dictador, un golpista, un déspota. Que Rajoy se lo conteste.
Alianza Popular nació como un reducto de los últimos franquistas. Los que votaron "no" en el referéndum de la reforma política que nos condujo a la democracia. Aunque disimularon después durante algunos años, son muchas las ocasiones en que esos orígenes, todavía presentes, larvados, escondidos, pero no extirpados, se manifiestan con rotundidad.
Los salmantinos se preguntarán por qué se les condena a tener como alcalde honorífico a un dictador, un golpista, un déspota. Que Rajoy se lo conteste.
12 enero 2007
O cretinos o miserables
La derechona española no cambiará nunca. Tras el atentado terrorista de ETA en la Terminal 4 de Barajas, culparon al presidente del gobierno y no a los asesinos etarras. Su acción política en materia de terrorismo se basa en atacar al gobierno, violando sistemáticamente el pacto antiterrorista. En sus manifestaciones (presuntamente contra ETA) durante la tregua, insultaban al presidente del gobierno y no a los terroristas. En una de ellas, llegaron a agredir al ministro Bono y, frecuentemente, eran vistos en ellas elementos de ultraderecha con simbología fascista. Ahora, cuando tras el golpe de la banda se requiere una acción conjunta de condena de todos los demócratas, el PP pide que se desconvoquen las manifestaciones contra ETA, acusando al presidente de "dividir a los españoles".
O son unos cretinos o unos miserables. O ambas cosas.
O son unos cretinos o unos miserables. O ambas cosas.
11 enero 2007
Manifestación contra el terrorismo y por la Paz
08 enero 2007
Se nos rompió la esperanza...
Los asesinos de ETA han vuelto a demostrar lo que son: simplemente, una banda de desalmados que no tiene otro argumento para defender sus posturas que el de las bombas y la violencia. El atentado de la T4 vino a rompernos la esperanza de un futuro sin terrorismo en España. Pero ante la nueva situación, sí me gustaría hacer algunas observaciones:
El gobierno actuó como tenía que hacerlo, como lo hicieron antes todos los demás gobiernos de la democracia, con responsabilidad y sentido de Estado, aprovechando una coyuntura que parecía favorable para tratar de acabar con la banda ETA.
Los únicos responsables del atentado son los terroristas
La oposición del PP ha sido miserable. Se han comportado como ultraderechistas sin escrúpulos, manipulando en este asunto como vienen haciendo desde 1993, comportándose como ningún otro partido se ha comportado jamás en nuestra historia democrática. Culpar de los atentados al gobierno, acusarlo de rendirse a ETA, participar en actos netamente franquistas como los convocados por la AVT, donde ondeaban banderas inconstitucionales o participaban conocidos delincuentes de la ultraderecha, han sido actuaciones que dicen bien poco en favor del Partido Popular.
Por otro lado, si el gobierno se había rendido ante ETA, ¿por qué ETA ha vuelto a atentar? ¿No es esto una confirmación clara de la firmeza del gobierno y la ausencia de cesiones a la banda? Sin embargo, no se han disculpado de sus gravísimas acusaciones. No han reconocido que se habían equivocado.
En fin, quieren rompernos la esperanza, pero sabremos superarnos. La democracia en España es fuerte y ya hemos salido de situaciones peores. Ánimo y adelante.
El gobierno actuó como tenía que hacerlo, como lo hicieron antes todos los demás gobiernos de la democracia, con responsabilidad y sentido de Estado, aprovechando una coyuntura que parecía favorable para tratar de acabar con la banda ETA.
Los únicos responsables del atentado son los terroristas
La oposición del PP ha sido miserable. Se han comportado como ultraderechistas sin escrúpulos, manipulando en este asunto como vienen haciendo desde 1993, comportándose como ningún otro partido se ha comportado jamás en nuestra historia democrática. Culpar de los atentados al gobierno, acusarlo de rendirse a ETA, participar en actos netamente franquistas como los convocados por la AVT, donde ondeaban banderas inconstitucionales o participaban conocidos delincuentes de la ultraderecha, han sido actuaciones que dicen bien poco en favor del Partido Popular.
Por otro lado, si el gobierno se había rendido ante ETA, ¿por qué ETA ha vuelto a atentar? ¿No es esto una confirmación clara de la firmeza del gobierno y la ausencia de cesiones a la banda? Sin embargo, no se han disculpado de sus gravísimas acusaciones. No han reconocido que se habían equivocado.
En fin, quieren rompernos la esperanza, pero sabremos superarnos. La democracia en España es fuerte y ya hemos salido de situaciones peores. Ánimo y adelante.
17 octubre 2006
Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza
Reproduzco a continuación el manifiesto que también puede ser encontrado en www.psoe.esLa erradicación de la pobreza ha sido, es, y será siempre, una de las principales señas de identidad del Partido Socialista, como se está reflejando en la acción del Gobierno de España.
Con frecuencia, al hablar de pobreza, se mira más hacia fuera que hacia dentro. Todavía hoy muchas mujeres y hombres de nuestro país viven bajo el umbral de pobreza relativa. Las mujeres y hombres socialistas consideramos prioritario que el crecimiento económico de nuestro país tiene que traducirse en acciones y políticas destinadas a luchar contra la exclusión social.
Por esta razón, celebramos la Estrategia Nacional para la Protección e Inclusión Social 2006-2008, que fue aprobado el pasado 13 de octubre con un presupuesto de 56.000 millones de euros.
En el ámbito de las relaciones internacionales y en poco más de dos años, nuestro país se ha situado como un referente global de paz, democracia y solidaridad. El cambio que demandaba la ciudadanía también está teniendo respuesta económica: a lo largo de esta legislatura las partidas de Ayuda Oficial al Desarrollo se están aumentando en un 50%.
El compromiso español con la justicia global no responde únicamente a un imperativo moral, se enmarca también en la necesidad de que todas las naciones seamos coherentes con los Objetivos del Milenio que fueron firmados en el año 2000 por los Jefes de Estado de 189 países, y que tienen como objetivo:
1-. Erradicar la pobreza extrema y el hambre
2-. Lograr la enseñanza primaria universal
3-. Promover la igualdad entre géneros y la autonomía de la mujer
4-. Reducir la mortalidad infantil
5-. Mejorar la salud materna
6-. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades
7-. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente
8-. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo
Desgraciadamente, la oportunidad que generó esta iniciativa global no está siendo aprovechada: son muchos los Estados en los que las partidas de Ayuda Oficial al Desarrollo, lejos de aumentarse, están siendo disminuidas.
Para las mujeres y hombres socialistas, el 17 de octubre, día internacional para la erradicación de la pobreza, supone mucho más que una ocasión para renovar nuestros valores y nuestras aspiraciones, es, sobretodo, un reto. Necesitamos movilizarnos, sumar más voluntades para afrontar el mayor desafío que tiene nuestro mundo en el siglo XXI: la erradicación de la pobreza mundial.
Por esta razón, el Partido Socialista invita a sus militantes y simpatizantes a participar en las manifestaciones convocadas por la "Alianza española contra la pobreza" en la que se integran las ONG de desarrollo y la sociedad civil en general, y que se celebrarán el próximo sábado 21 en treinta ciudades españolas y en otros muchos países de todo el mundo.
10 octubre 2006
Singladura de un 'sin papeles'
[Este artículo fue previamente publicado en el diario "El Comercio", www.elcomerciodigital.com ]EL 'sin papeles' ya no es querido por el Gobierno de su país, el país que lo vio nacer pero del que ya no es ciudadano. No lo es porque su Gobierno -su dictador, habría que precisar- no reconoce la nacionalidad a quienes abandonan el territorio perseguidos por sus ideas; a quienes huyen del azote del hambre y la guerra, de la saña cruel con que son tratados los disidentes, los enemigos, y los convierte en apátridas: la versión más radical del 'sin papeles'.
Al dictador bananero no le gustan las ideas del 'sin papeles', ni su actitud, ni su comportamiento. Le parece que está de más. En realidad, tampoco le gusta que emigre. Preferiría tenerlo a su merced. Meterlo en una cárcel. Reírse en su cara durante una farsa de juicio que no resistiría el más mínimo contraste con lo que se llama justicia en una democracia. Acabar, en fin, con su vida -con lo que queda de ella después de unas semanas en prisión- y dejar su cadáver al aire -que todos lo vean, hay que dar ejemplo- o enterrarlo en una cuneta donde su familia no pueda encontrarlo para llorar su ausencia. En fin, eso le gustaría al dictador pero, esta vez, el 'sin papeles' ha conseguido escapar. Ha cruzado el Estrecho para ir a parar a una tierra extraña, desconocida, de la que sólo tiene vagas referencias.
Al mismo tiempo que él, otros lo han intentado. Algunos conocidos suyos lo hicieron en frágiles barquitos pesqueros, navegando sobre un mar encabritado; pequeñas naves que se atevieron a desafiar al Mediterráneo, embravecido en los últimos días del invierno o en el primer albor de la primavera. Hubiera sido más cómodo esperar al verano, a la calma de un mar amigo, pero no había tiempo.
El 'sin papeles', sin embargo, consiguió embarcarse en un buque algo más grande, un carguero acostumbrado a estibar carbón, que para este viaje ha mudado sus hábitos y ha convertido sus bodegas en simulacros de estancia en las que se apiñan 2600 personas con un solo aseo para todas.
Tras una penosa travesía, escorada la nave por el exceso de pasaje, con la línea de flotación sumergida, esquivando la vigilancia de las autoridades de su país, la presencia de la Armada, de las hostiles naves que patrullan las aguas entre los dos continentes, se avista la costa, esa costa desconocida que asusta pero al tiempo promete una nueva vida.
Hasta esa débil esperanza se frustra. El capitán de la nave tiene que amenazar con estrellarla contra los muelles para que le autoricen a atracar. Cuando el 'sin papeles' consigue finalmente desembarcar, ello no comporta alcanzar la libertad. Se ve conducido a una dársena en la que pasará, entre alambradas, una larga cuarentena con centenares de personas hacinadas, sin higiene, sin comida, sin medicamentos, sin atención.
En alguno de esos momentos, el 'sin papeles' pensó si habría merecido la pena. Se miró reflejado en las aguas plateadas del muelle y casi no se reconoció: delgado y con aspecto enfermizo; su piel blanquísima, curtida y avejentada por varios años de guerra y preocupación. Estaba en Orán, en la costa argelina, todavía francesa, tras desembarcar, proveniente de Alicante, de un viejo mercante, el Stanbrook, que abandonó el puerto español, mandado por el capitán Dickson, el 28 de marzo de 1939.
El 'sin papeles' puede llamarse Max Aub, el escritor que eligió ser español y apuró, consecuentemente, hasta las heces el cáliz que como tal le correspondía; puede llamarse Miaja, el general leal a la República y a la democracia que defendió Madrid y pasó por Orán rumbo al exilio; podría tratarse de Alberti y María Teresa León, que hicieron el mismo viaje en una frágil avioneta, o tener otros tantos nombres perdidos para la Historia...
El 'sin papeles' pudo ser, en otro contexto, cualquiera de los miles de españoles que viajaron huyendo del hambre y la pobreza a Cuba, la Argentina o Filipinas; a Alemania, Francia o Suiza con sus alpargatas y sus maletas de cartón.
Huyendo. Porque ¿qué efecto llamada o qué canto de sirena movía a los españoles de postguerra a vendimiar en Francia o a cruzar el Atlántico con pasajes de tercera sino la huida de la miseria? ¿Qué efecto llamada ejercían en 1939 los campos de prisioneros argelinos o los del sur de Francia sino escapar de la represión y de la violencia franquista? No existe llamada alguna. El desesperado -el africano de hoy, como el español de hace cincuenta años o un siglo- tiene, sobre todo, razones para huir, para escapar, para evadirse de su realidad terrible o directamente inhumana.
Lo menos que podemos hacer es abordar el fenómeno de la inmigración con un mínimo de humanidad y de sentido común, recordando lo que fuimos nosotros mismos. Con todo el rigor de la ley contra las mafias traficantes de personas, pero sabiendo valorar en su justa medida la aportación a la riqueza nacional y al crecimiento económico que están haciendo los inmigrantes que residen y trabajan en España. La inmigración no es, hoy por hoy, un problema. Pero sí tendremos uno (y bien grave, por cierto) si prestamos oído a los que azuzan odios y miedos, a los que siembran desconfianzas contra los extranjeros por el simple hecho de serlo. Si el PP decide deslizarse por ese camino, estará poniéndose a la altura de los partidos de extrema derecha de otros países europeos (euroescépticos para todo menos para eso, qué lástima). Y sabemos bien a dónde conduce esa deriva.
03 octubre 2006
Del voto femenino a la Democracia Paritaria, 1931 - 2006
Reproduzco a continuación, por su interés, el manifiesto del PSOE en el 75 aniversario del voto femenino en España:
(se puede encontrar también en www.psoe.es)
Conmemoramos este año el 75 aniversario del voto femenino en España.
Este hecho que hoy tenemos incorporado en nuestra Democracia como algo natural, supuso el esfuerzo enorme de muchísimas mujeres y algunos hombres, por conseguir que las mujeres fuéramos ciudadanas de plenos derechos.
Aquel debate del 1 de octubre de 1931 llevó a la primera línea de la agenda política la incorporación de las mujeres españolas a la ciudadanía plena.
Hoy las mujeres, apoyadas como nunca lo han sido en la historia de nuestro país por un gobierno socialista y paritario, queremos dar un paso adelante y además de ser electoras, queremos ser elegibles en condiciones de igualdad, tal como se recoge en la Ley de Igualdad que será aprobada próximamente.
Efectivamente aquel camino que inició Clara Campoamor sigue transitable y por él vamos a continuar desde el Partido Socialista para conseguir una sociedad más igualitaria entre mujeres y hombres.
Queremos que las Instituciones que nos representan, sean el reflejo de la sociedad en la que vivimos, donde las mujeres somos la mitad de la población y por tanto es de justicia que estemos en los lugares donde se toman las decisiones que luego como ciudadanas nos afectan.
Con el gobierno socialista y continuando en la línea que ya inició Clara Campoamor, la igualdad en nuestra sociedad es un derecho, está situada ya en el campo normativo, no es opinable, es Ley.
Todas y todos sabemos que profundizar en la igualdad entre mujeres y hombres supone mejorar la calidad de la Democracia y avanzar en el progreso de nuestro país.
Desde la Secretaría Federal de Igualdad nos sumamos a la iniciativa presentada por todos los grupos políticos en el Congreso para impulsar la declaración del 1 de diciembre, día en el que se produjo el debate definitivo en las Cortes de la II República sobre el derecho al voto de la mujer, como “Día del Sufragio Universal”.
(se puede encontrar también en www.psoe.es)
Conmemoramos este año el 75 aniversario del voto femenino en España.
Este hecho que hoy tenemos incorporado en nuestra Democracia como algo natural, supuso el esfuerzo enorme de muchísimas mujeres y algunos hombres, por conseguir que las mujeres fuéramos ciudadanas de plenos derechos.
Aquel debate del 1 de octubre de 1931 llevó a la primera línea de la agenda política la incorporación de las mujeres españolas a la ciudadanía plena.
Hoy las mujeres, apoyadas como nunca lo han sido en la historia de nuestro país por un gobierno socialista y paritario, queremos dar un paso adelante y además de ser electoras, queremos ser elegibles en condiciones de igualdad, tal como se recoge en la Ley de Igualdad que será aprobada próximamente.
Efectivamente aquel camino que inició Clara Campoamor sigue transitable y por él vamos a continuar desde el Partido Socialista para conseguir una sociedad más igualitaria entre mujeres y hombres.
Queremos que las Instituciones que nos representan, sean el reflejo de la sociedad en la que vivimos, donde las mujeres somos la mitad de la población y por tanto es de justicia que estemos en los lugares donde se toman las decisiones que luego como ciudadanas nos afectan.
Con el gobierno socialista y continuando en la línea que ya inició Clara Campoamor, la igualdad en nuestra sociedad es un derecho, está situada ya en el campo normativo, no es opinable, es Ley.
Todas y todos sabemos que profundizar en la igualdad entre mujeres y hombres supone mejorar la calidad de la Democracia y avanzar en el progreso de nuestro país.
Desde la Secretaría Federal de Igualdad nos sumamos a la iniciativa presentada por todos los grupos políticos en el Congreso para impulsar la declaración del 1 de diciembre, día en el que se produjo el debate definitivo en las Cortes de la II República sobre el derecho al voto de la mujer, como “Día del Sufragio Universal”.
05 septiembre 2006
El libro y el poeta
[Este artículo fue previamente publicado en el diario español "El Comercio", www.elcomerciodigital.com]
Uno de los libros que guardo en mi biblioteca es un pequeño volumen encuadernado en rústica y titulado “Miguel Hernández y su tiempo”. La historia de cómo llegó a mis manos esta obra, hace ya unos cuantos años, es curiosa. Cruzaba yo España con destino a alguna reunión o de regreso de ella y pasaba el rato, mientras el tren se deslizaba por la bella monotonía de Castilla, discutiendo con unos viajeros, una pareja de jubilados sentados enfrente de mí, sobre las causas de que, por aquel entonces, la RENFE no anduviera todo lo bien que debía. Yo lo atribuía a la mala gestión de cierto ministro de Fomento de origen asturiano y confirmaba mis aseveraciones con datos de mi propia tierra: infraestructuras paralizadas por capricho ministerial, aluvión de inauguraciones de tramos de carretera sin construir, primeras piedras a las que nunca seguía una segunda... Ellos se mantenían en sus trece, tratando de disculpar al ministro, con cierta obstinación inexplicable (tal vez mal informados por los telediarios-nodo de aquella época). En fin, matábamos el tiempo agradablemente mientras el tren nos llevaba hacia nuestro destino. Inesperadamente, la anciana que viajaba a mi lado —se había mantenido hasta entonces al margen— se involucró en la discusión apoyando mis argumentos con tanta entrega y vehemencia que yo me callé y me limité a partir de entonces a escuchar y disfrutar del espectáculo asintiéndo con la cabeza. Cuando la refriega oratoria terminó —el matrimonio de jubilados proministeriales apeándose del tren con la cabeza gacha—, la anciana me dijo: “Voy a hacerle un regalo. Vea este libro” —lo sacó del bolso—: “El autor es mi marido. Fue amigo de Miguel Hernández y estuvo a su lado durante la guerra. Seguro que usted sabrá apreciarlo”.
Se lo agradecí. En la siguiente parada se bajó ella. No sé su nombre y nunca he vuelto a verla. Hojeé la obra. Estaba publicado en 1993. Su marido lo había escrito con casi 80 años. La imagen de un hombre escarbando en sus recuerdos, tal vez dormidos durante las décadas franquistas de hierro y sangre, para rendir un homenaje póstumo y tardío al amigo, al poeta represaliado, antes de que la muerte —olvido definitivo e irreversible— se llevase por delante su propia memoria, me resultó conmovedora y estimulante.
Imposible no tener presentes, cuando se evoca a Hernández, las calles de su Orihuela natal, soleadas hasta deslumbrar en los veranos tórridos de su infancia mientras, entre las ovejas y cabras del rebaño familiar, aprendía el lenguaje de la naturaleza y de la vida; imposible no pensarlo durante su juventud, abriéndose camino en alpargatas en los círculos literarios de vanguardia en Madrid a fuerza de puro talento. O transmutado de poeta en guerrero por mor de la convicción y el compromiso, llevando a los distintos frentes de una guerra infame el consuelo de su arte. Se le puede imaginar, en fin, cautivo por los sublevados, en el penal madrileño de Torrijos —antes de ser trasladado a Alicante, donde murió de enfermedad y abandono—, pergeñando en una cuartilla sucia, solitario en su celda, las Nanas de la cebolla, el poema que inspiró su hijo Manuel, al que raramente podía ver. Y, sobre todo, dolorido por el abandono y la incomprensión de algunos, antes amigos, que sólo le ofrecían como alternativa para seguir vivo dejar de ser, renunciar a su existencia abjurando de todo aquello en lo que creía y manifestando su adhesión al régimen franquista. Qué poco lo conocían.
Al leer el libro de Pedro Collado —así se llama su autor, un prolífico escritor de literatura infantil, según supe después— no puede dejar de asombrar la prosa vital, afilada y precisa con la que un hombre de edad avanzada —la vida cargada de años y de dolores— rememora al poeta que fue, más que ningún otro, “viento del pueblo, para pasar soplando a través de sus poros”.
Concluye Collado su homenaje apostrofando a Hernández con emoción y mirando al futuro: “Hay una juventud que se renueva con generaciones sucesivas y que acude a tu recuerdo. Abren páginas de tus libros y siguen con fervor el cauce de tus versos, con los cuales han hecho vibrar canciones de protesta y de esperanza para el mundo de amor y de justicia que tú perseguías”.
¿Cuántos como este Pedro Collado hay, o hubo, en nuestro país? ¿Cuántos, que dieron testimonio de un mundo distinto, de una esperanza que pudo ser y se frustró? Poco a poco, sus voces se irán apagando y sus recuerdos —indefectiblemente unidos a la fragilidad de las efímeras neuronas humanas, carnales— se apagarán también con la muerte. De ahí el inmenso valor del esfuerzo que han hecho algunos de ellos para escribir, o para contar a otros que las escriban, sus vivencias. Es su mejor legado. Recojámoslo con ternura y con agradecimiento.
Uno de los libros que guardo en mi biblioteca es un pequeño volumen encuadernado en rústica y titulado “Miguel Hernández y su tiempo”. La historia de cómo llegó a mis manos esta obra, hace ya unos cuantos años, es curiosa. Cruzaba yo España con destino a alguna reunión o de regreso de ella y pasaba el rato, mientras el tren se deslizaba por la bella monotonía de Castilla, discutiendo con unos viajeros, una pareja de jubilados sentados enfrente de mí, sobre las causas de que, por aquel entonces, la RENFE no anduviera todo lo bien que debía. Yo lo atribuía a la mala gestión de cierto ministro de Fomento de origen asturiano y confirmaba mis aseveraciones con datos de mi propia tierra: infraestructuras paralizadas por capricho ministerial, aluvión de inauguraciones de tramos de carretera sin construir, primeras piedras a las que nunca seguía una segunda... Ellos se mantenían en sus trece, tratando de disculpar al ministro, con cierta obstinación inexplicable (tal vez mal informados por los telediarios-nodo de aquella época). En fin, matábamos el tiempo agradablemente mientras el tren nos llevaba hacia nuestro destino. Inesperadamente, la anciana que viajaba a mi lado —se había mantenido hasta entonces al margen— se involucró en la discusión apoyando mis argumentos con tanta entrega y vehemencia que yo me callé y me limité a partir de entonces a escuchar y disfrutar del espectáculo asintiéndo con la cabeza. Cuando la refriega oratoria terminó —el matrimonio de jubilados proministeriales apeándose del tren con la cabeza gacha—, la anciana me dijo: “Voy a hacerle un regalo. Vea este libro” —lo sacó del bolso—: “El autor es mi marido. Fue amigo de Miguel Hernández y estuvo a su lado durante la guerra. Seguro que usted sabrá apreciarlo”.
Se lo agradecí. En la siguiente parada se bajó ella. No sé su nombre y nunca he vuelto a verla. Hojeé la obra. Estaba publicado en 1993. Su marido lo había escrito con casi 80 años. La imagen de un hombre escarbando en sus recuerdos, tal vez dormidos durante las décadas franquistas de hierro y sangre, para rendir un homenaje póstumo y tardío al amigo, al poeta represaliado, antes de que la muerte —olvido definitivo e irreversible— se llevase por delante su propia memoria, me resultó conmovedora y estimulante.
Imposible no tener presentes, cuando se evoca a Hernández, las calles de su Orihuela natal, soleadas hasta deslumbrar en los veranos tórridos de su infancia mientras, entre las ovejas y cabras del rebaño familiar, aprendía el lenguaje de la naturaleza y de la vida; imposible no pensarlo durante su juventud, abriéndose camino en alpargatas en los círculos literarios de vanguardia en Madrid a fuerza de puro talento. O transmutado de poeta en guerrero por mor de la convicción y el compromiso, llevando a los distintos frentes de una guerra infame el consuelo de su arte. Se le puede imaginar, en fin, cautivo por los sublevados, en el penal madrileño de Torrijos —antes de ser trasladado a Alicante, donde murió de enfermedad y abandono—, pergeñando en una cuartilla sucia, solitario en su celda, las Nanas de la cebolla, el poema que inspiró su hijo Manuel, al que raramente podía ver. Y, sobre todo, dolorido por el abandono y la incomprensión de algunos, antes amigos, que sólo le ofrecían como alternativa para seguir vivo dejar de ser, renunciar a su existencia abjurando de todo aquello en lo que creía y manifestando su adhesión al régimen franquista. Qué poco lo conocían.
Al leer el libro de Pedro Collado —así se llama su autor, un prolífico escritor de literatura infantil, según supe después— no puede dejar de asombrar la prosa vital, afilada y precisa con la que un hombre de edad avanzada —la vida cargada de años y de dolores— rememora al poeta que fue, más que ningún otro, “viento del pueblo, para pasar soplando a través de sus poros”.
Concluye Collado su homenaje apostrofando a Hernández con emoción y mirando al futuro: “Hay una juventud que se renueva con generaciones sucesivas y que acude a tu recuerdo. Abren páginas de tus libros y siguen con fervor el cauce de tus versos, con los cuales han hecho vibrar canciones de protesta y de esperanza para el mundo de amor y de justicia que tú perseguías”.
¿Cuántos como este Pedro Collado hay, o hubo, en nuestro país? ¿Cuántos, que dieron testimonio de un mundo distinto, de una esperanza que pudo ser y se frustró? Poco a poco, sus voces se irán apagando y sus recuerdos —indefectiblemente unidos a la fragilidad de las efímeras neuronas humanas, carnales— se apagarán también con la muerte. De ahí el inmenso valor del esfuerzo que han hecho algunos de ellos para escribir, o para contar a otros que las escriban, sus vivencias. Es su mejor legado. Recojámoslo con ternura y con agradecimiento.
03 agosto 2006
Probable guerra civil en Irak
El embajador británico en Irak, William Patey, afirma en un informe confidencial, hecho público por la BBC, que la probabilidad de una guerra civil en el país invadido es muy alta.De hecho, según el embajador, "la perspectiva de una guerra civil de baja intensidad y una división de facto de Irak es más probable en esta fase que una transición substancial y exitosa hacia una democracia estable".
Y añade: "Incluso la expectativa a la baja del Presidente Bush para Irak -un gobierno que se sostenga a sí mismo, se defienda a sí mismo y sea un aliado en la guerra contra el terrorismo- debe ser puesta en duda".
Todo esto (unido al recuerdo, que estos días se hace más hiriente si cabe, de las palabras del infame trío de las Azores prometiendo un futuro de paz, estabilidad y democracia para Oriente, incluyendo en el paquete la solución del problema palestino) sólo puede reafirmar nuestra convicción de que nos arrastraron a una guerra ilegal para satisfacer sus egos sin tener la más mínima idea de lo que hacían, de las consecuencias que tendrían sus acciones y sin que ninguna de ambas cosas les importase un carajo.
Ojalá existiese un verdadero Tribunal Penal Internacional que les hiciera pagar su felonía.
01 agosto 2006
¿Es franquista el PP?

El Secretario General de la Federación Socialista Asturiana hizo recientemente unas declaraciones en las que pedía al PP que retirase los símbolos franquistas que aún conservan algunos ayuntamientos asturianos en los que gobierna el Partido Popular. La contestación no se ha hecho esperar. El PP asturiano defiende que cada ayuntamiento haga lo que le plazca y el alcalde de Villaviciosa (de este partido) afirma como respuesta que también hay calles dedicadas a personajes de signo contrario en otros sitios y a él no le molestan. El indigno edil se atreve a comparar a personajes democráticos, defensores de la legalidad constitucional republicana con los golpistas del fascismo. En Villaviciosa, la plaza del Ayuntamiento se denomina "Plaza del Generalísimo". Valga como ejemplo de quién es este individuo.
La equiparación entre víctimas y verdugos es la estrategia actual del Partido Popular para mantener el apoyo a los personajes públicos del fascismo español. Todo fue un desgraciado incidente, una lucha fratricida, en fin, cosas que pasan. Pues no, señores del PP, en esto no podemos transigir. El golpe de estado de Franco fue el mayor acto de terrorismo que vivió España en toda su historia y cuyas consecuencias se prolongaron durante cuatro décadas de violencia ininterrumpida contra el pueblo español. Actuaciones vergonzosas como la de Mayor Oreja negándose en el Parlamento europeo a condenar la dictadura vienen a sumarse al resto de actuaciones de su partido manteniendo símbolos franquistas o apoyando a los revisionistas manipuladores de la Historia que, plagiando a los autores de cámara de Franco, reeditan la propaganda de los años 40, justificatoria del golpe de estado y de la crudelísima represión y dictadura posterior.
27 julio 2006
Aznar negoció con ETA
Artículo previamente publicado en el diario "El Comercio" (www.elcomerciodigital.com)
Ocultar la verdad en política siempre es arriesgado. Al PP le costó perder las últimas elecciones, pero no aprendió la lección. Pretende ocultarla ahora cuando basa su estrategia de oposición en encubrir la realidad de su propia negociación con ETA e intentar hacer fracasar el proceso actual con unos ataques contra el PSOE y contra el presidente Rodríguez Zapatero que carecen la más mínima base a poca memoria que uno tenga. La manipulación de la que está siendo víctima el proceso de paz exige algunas puntualizaciones –todas ellas contrastables fácilmente en las hemerotecas– para ser fieles a la verdad.
Aznar inició la negociación con ETA en noviembre de 1998 e hizo unas declaraciones formales en las que así lo anunciaba. Sus lenguaje de entonces tiene una gran trascendencia. Nadie puede pensar que un presidente del gobierno use al azar sus palabras en una comparecencia pública. Todas y cada una de ellas tienen su intención, están bien meditadas y responden a lo que el presidente y su equipo quieren transmitir. Y más aún cuando el objeto de la comparecencia es nada menos que anunciar el inicio de negociaciones con la banda terrorista ETA.
En aquella ocasión, Aznar se refirió a ETA como “Movimiento de Liberación Nacional Vasco”. Y esta fue, sin duda, su primera concesión política a la banda, al reconocer que al menos una de las partes en conflicto pensaba que había una nación, el País Vasco, que debía ser liberada de algo. Ese reconocimiento nunca fue explicitado por otro presidente del gobierno español, ni antes ni después de que lo hiciera Aznar. La expresión venía a dar, en boca de quien la pronunciaba, carta de naturaleza política al conflicto (algo inédito hasta ese momento) y significaba un cambio de rumbo de hondo calado en la política antiterrorista de todos los gobiernos de la democracia. Por otro, equiparaba a la banda a otros movimientos que, utilizando análogas denominaciones, han luchado, especialmente en América Latina, contra diversas dictaduras, reconociéndole una cierta legitimidad de la que, sin duda, carece. Además, ponía sobre la mesa el programa político de la banda, la denominada alternativa KAS (inseparable de las siglas MLNV que Aznar utilizó) y que recoge las aspiraciones máximas de la banda.
Otros miembros del gobierno de Aznar, antes y durante el proceso hicieron declaraciones que preparaban el camino para un final dialogado de la violencia. Ricardo Martí Fluxá, Secretario de Estado de Seguridad, decía: “El proceso será largo. No podrá haber nunca vencedores ni vencidos”. Y continuaba: “La palabra rendición total es profundamente ajena a lo que puede suponer la posición del gobierno [del PP] en torno a ETA”.
Es decir, el gobierno de Aznar estaba poniendo en marcha un profundo camino de negociación política radicalmente contrario a sus posiciones actuales. Además, lo estaba poniendo en marcha pocos meses después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, cuando apenas se llevaban tres meses de tregua y en un año, el 98, en que ETA había asesinado a seis personas, entre ellas, el concejal del PP Alberto Jiménez Becerril y su esposa. ¿Traicionó Aznar a estos muertos?
Durante los trece meses que duró el cese de la violencia terrorista se produjeron, sin embargo, más de mil quinientos actos de kale borroka y continuó la extorsión a empresarios, actuaciones que, a diferencia de la actual, no estaban incluidos en la tregua del 98. Sin embargo, nada de esto impidió que las negociaciones continuasen. Es más, los gestos del gobierno de Aznar hacia ETA habían comenzado antes, ya en el año 96, cuando se iniciaron los acercamientos de presos al País Vasco, siendo Mayor Oreja ministro del Interior y mientras permanecía secuestrado Ortega Lara. ETA le agradeció públicamente el gesto, por boca del portavoz independentista Floren Aoiz: “El hecho de que el gobierno vaya dando marcha atrás en la política de alejar presos nos parece algo positivo y estamos convencidos, además, de que es fruto de la lucha de este pueblo”. Unos 135 presos se beneficiaron de las medidas de acercamiento, entre ellos, algunos de los más sanguinarios, como Domingo Troitiño, que participó en la matanza de Hipercor. También se concedieron numerosos terceros grados, que permitían a sus beneficiarios acudir sólo a dormir a la cárcel.
A lo largo de este proceso, todos los partidos políticos apoyaron sin fisuras y lealmente al gobierno de Aznar en la negociación que iniciaba. Sin embargo, este apoyo no fue correspondido con una actitud de consenso o de diálogo con la oposición. El representante del PSOE en materia antiterrorista, Alfredo Pérez Rubalcaba, se enteró del inicio del proceso por un teletipo de la agencia EFE. Al día siguiente, un representante del PP le llamó por teléfono y le leyó el mismo teletipo textualmente. Esa fue toda la participación que el PP permitió al principal partido de la oposición.
La reunión con la banda terrorista se desarrolla en Suiza durante la primavera de 1999. En agosto de ese año, hay declaraciones de dirigentes del PP donde se aventuraban nuevos contactos y medidas penitenciarias favorables. Por desgracia para todos, tres meses después, las negociaciones fracasaban y ETA daba por finalizada la tregua. No salió bien, pero había que intentarlo y el gobierno de Aznar cumplió con su deber, lo mismo que el de Felipe González antes y el de José Luis Rodríguez Zapatero en la actualidad. Esperemos que ésta sea la definitiva y que el PP abandone la estrategia de torpedear el proceso por la única razón de que es un presidente socialista el que lo ha iniciado.
Ocultar la verdad en política siempre es arriesgado. Al PP le costó perder las últimas elecciones, pero no aprendió la lección. Pretende ocultarla ahora cuando basa su estrategia de oposición en encubrir la realidad de su propia negociación con ETA e intentar hacer fracasar el proceso actual con unos ataques contra el PSOE y contra el presidente Rodríguez Zapatero que carecen la más mínima base a poca memoria que uno tenga. La manipulación de la que está siendo víctima el proceso de paz exige algunas puntualizaciones –todas ellas contrastables fácilmente en las hemerotecas– para ser fieles a la verdad.
Aznar inició la negociación con ETA en noviembre de 1998 e hizo unas declaraciones formales en las que así lo anunciaba. Sus lenguaje de entonces tiene una gran trascendencia. Nadie puede pensar que un presidente del gobierno use al azar sus palabras en una comparecencia pública. Todas y cada una de ellas tienen su intención, están bien meditadas y responden a lo que el presidente y su equipo quieren transmitir. Y más aún cuando el objeto de la comparecencia es nada menos que anunciar el inicio de negociaciones con la banda terrorista ETA.
En aquella ocasión, Aznar se refirió a ETA como “Movimiento de Liberación Nacional Vasco”. Y esta fue, sin duda, su primera concesión política a la banda, al reconocer que al menos una de las partes en conflicto pensaba que había una nación, el País Vasco, que debía ser liberada de algo. Ese reconocimiento nunca fue explicitado por otro presidente del gobierno español, ni antes ni después de que lo hiciera Aznar. La expresión venía a dar, en boca de quien la pronunciaba, carta de naturaleza política al conflicto (algo inédito hasta ese momento) y significaba un cambio de rumbo de hondo calado en la política antiterrorista de todos los gobiernos de la democracia. Por otro, equiparaba a la banda a otros movimientos que, utilizando análogas denominaciones, han luchado, especialmente en América Latina, contra diversas dictaduras, reconociéndole una cierta legitimidad de la que, sin duda, carece. Además, ponía sobre la mesa el programa político de la banda, la denominada alternativa KAS (inseparable de las siglas MLNV que Aznar utilizó) y que recoge las aspiraciones máximas de la banda.
Otros miembros del gobierno de Aznar, antes y durante el proceso hicieron declaraciones que preparaban el camino para un final dialogado de la violencia. Ricardo Martí Fluxá, Secretario de Estado de Seguridad, decía: “El proceso será largo. No podrá haber nunca vencedores ni vencidos”. Y continuaba: “La palabra rendición total es profundamente ajena a lo que puede suponer la posición del gobierno [del PP] en torno a ETA”.
Es decir, el gobierno de Aznar estaba poniendo en marcha un profundo camino de negociación política radicalmente contrario a sus posiciones actuales. Además, lo estaba poniendo en marcha pocos meses después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, cuando apenas se llevaban tres meses de tregua y en un año, el 98, en que ETA había asesinado a seis personas, entre ellas, el concejal del PP Alberto Jiménez Becerril y su esposa. ¿Traicionó Aznar a estos muertos?
Durante los trece meses que duró el cese de la violencia terrorista se produjeron, sin embargo, más de mil quinientos actos de kale borroka y continuó la extorsión a empresarios, actuaciones que, a diferencia de la actual, no estaban incluidos en la tregua del 98. Sin embargo, nada de esto impidió que las negociaciones continuasen. Es más, los gestos del gobierno de Aznar hacia ETA habían comenzado antes, ya en el año 96, cuando se iniciaron los acercamientos de presos al País Vasco, siendo Mayor Oreja ministro del Interior y mientras permanecía secuestrado Ortega Lara. ETA le agradeció públicamente el gesto, por boca del portavoz independentista Floren Aoiz: “El hecho de que el gobierno vaya dando marcha atrás en la política de alejar presos nos parece algo positivo y estamos convencidos, además, de que es fruto de la lucha de este pueblo”. Unos 135 presos se beneficiaron de las medidas de acercamiento, entre ellos, algunos de los más sanguinarios, como Domingo Troitiño, que participó en la matanza de Hipercor. También se concedieron numerosos terceros grados, que permitían a sus beneficiarios acudir sólo a dormir a la cárcel.
A lo largo de este proceso, todos los partidos políticos apoyaron sin fisuras y lealmente al gobierno de Aznar en la negociación que iniciaba. Sin embargo, este apoyo no fue correspondido con una actitud de consenso o de diálogo con la oposición. El representante del PSOE en materia antiterrorista, Alfredo Pérez Rubalcaba, se enteró del inicio del proceso por un teletipo de la agencia EFE. Al día siguiente, un representante del PP le llamó por teléfono y le leyó el mismo teletipo textualmente. Esa fue toda la participación que el PP permitió al principal partido de la oposición.
La reunión con la banda terrorista se desarrolla en Suiza durante la primavera de 1999. En agosto de ese año, hay declaraciones de dirigentes del PP donde se aventuraban nuevos contactos y medidas penitenciarias favorables. Por desgracia para todos, tres meses después, las negociaciones fracasaban y ETA daba por finalizada la tregua. No salió bien, pero había que intentarlo y el gobierno de Aznar cumplió con su deber, lo mismo que el de Felipe González antes y el de José Luis Rodríguez Zapatero en la actualidad. Esperemos que ésta sea la definitiva y que el PP abandone la estrategia de torpedear el proceso por la única razón de que es un presidente socialista el que lo ha iniciado.
¿Ha sido un atentado terrorista?
El homicidio de cuatro observadores de la ONU en el sur del Líbano ¿ha sido un atentado terrorista de Israel? Yo no me siento capacitado para dar una respuesta definitiva, pero muchos datos oscuros y extraños en torno a ese ataque hacen plantearse la moralidad de la actuación de Israel en la zona. No es que las vidas de unos observadores de la ONU valgan más que las de cualquier libanés. Valen lo mismo y son ya decenas los hombres y mujeres inocentes muertos en la ofensiva. Pero el hecho de que se trate de un ataque con bombas de alta precisión contra las instalaciones de una organización internacional de la que los israelitas sabían con total certeza que no participaba en los combates ni albergaba a terrorista alguno es, sin duda, revelador. Dichas instalaciones estaban perfectamente identificadas y no cabe pensar que Israel, con uno de los servicios de inteligencia más potentes del planeta, desconociese su ubicación. Por otro lado, la misión de la ONU, con el nombre de FINUL, lleva presente en el Líbano desde hace 28 años.A lo largo del ataque, que duró más de 6 horas, los observadores de la ONU habían llamado 10 veces para advertir a las autoridades israelíes de su situación, en plena línea de fuego, siendo víctimas de los bombardeos de su ejército. Nada hizo Israel. Cuatro muertos más, inexplicables, en una progresión de violencia que nadie sabe como parar. Quizás no anduviese descaminado Pepe Blanco cuando afirmó que los muertos civiles tal vez no eran sólo simples daños colaterales.
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